Artículo de opinión: LA MUERTE DEL ACONTECIMIENTO.‏

 

Acciones

Entro. Alguien me cuenta que esta mañana comió tostadas con su sobrino. Alguien maldice gravemente a una figura política, a una ideología, a un periodista, tildándolo de oficialista o de opositor, según de que lado estén sus convicciones. Alguien me invita a sumarme a una campaña de donación para los hambrientos de Uganda, otro me ofrece seguir la cadena de alguno que otro santo que se le ha pasado el día con doce copias a “mis amigos”, coaccionándome sutilmente con la sentencia, “Si tú me niegas, YO te negaré ante el Padre”. Alguien, olímpicamente desconocido, quiere ser mi “amigo”. Alguien me muestra sus vacaciones.

En los 80¨, se decía que para existir, había que estar en la t.v., esta suerte de silogismo brutal se aplicaba a actores, conductores y locutores, lógicamente, pero también a toda persona con intenciones de tener alguna relevancia en el medio local o internacional (la exageración es intencional). Cándidamente, profesionales, políticos, (sobre todo), economistas, deportistas, mediocres y desconocidos, autodenominados artistas, sea cual fuese el arte  cultivado, ascendieron a los cielos de la T.V como un símil de éxito. Lo notable, creo, fue la lenta, progresiva, fortísima tendencia a contar en revistas, en programas de T.V, en todos lados, pequeñísimas cuestiones cotidianas y actos realmente privados. Fue el triunfo de los programas de la farándula, ignotos la mayoría, que se movió y movilizó a todos los ámbitos de vida, que colonizó todo y se expandió tal fuese una pandemia. “Publícate a ti mismo”, del sitio You tube, simbolo de estos tiempos, que  ilustra ese cambio monstruoso.

Las redes sociales, los canales de vídeo, los blogs, las páginas personales han hecho implosionar bolsas de teorías sobre la relación de los medios tradicionales y han echado un poco de concreto para la edificación de nuevas reflexiones a propósito de ello.

Abundan, errantes, etiquetadores compulsivos, comentadores tarifados, violentos consuetudinarios, nostálgicos incorregibles. Y otros, adictos que tiernamente nos hacen partícipes de cada uno de sus movimientos, como una especie de show interactivo y nos informan sobre el momento en que beben un café, el color de la remera que le compraron a su amigo, los despechados y las despechadas por amores no correspondidos denostando públicamente sin interesarle el grado de calumnias e injurias que derraman sobre lo más sagrado de las personas….la MORAL, amparados en la cobardía que estos medios le brindan de buen grado.

Polemistas  que disfrutan en elaborar corrosivos discursos y que solo buscan deliberadamente generar controversia, regodeándose en interminables discusiones, orgullosos de sus enemigos, a quienes muestran como carta de presentación y que, con esa simulación de polémica, colman su apetito pendenciero.  Enigmáticos, que elaboran y difunden mensajes encriptados del modo      ¡Qué alegría o qué lástima!, esperando, como botella al mar, la consecuente necesidad de explicitación. Solidarios, que convocan a diestra y siniestra, toda aparente campaña de conciencia social. Sobre todos ellos se proyecta una sombra, es la que cada vez más indomables necesidad de publicar, de mostrar, de contar que se va apoderando de todos nosotros, usuarios, sin anteponer a ello un sentido de reflexión, una intención.

Como si un reflejo condicionado, un ansia extraña, una compulsión que nos corroe, explicara esos movimientos; , de publicar, de mostrar y de ver los que otros publican. Ese vouyerismo y esa compulsión por contar, son dos de los rasgos más notables de estas tecnologías. El otro rasgo, acaso el determinante, es lo que podemos llamar la desaparición del acontecimiento. El acontecimiento desvanecido, se traviste de mera imagen, en cosa tan común, normal y cotidiana, que rechaza aquel  concepto..¿o no?.

Quizás, simplemente, ahora todo es acontecimiento, la caída del primer diente de mi nieto, la finalización de los estudios de mi hijo, la comida para agasajar a un cumpleañero. Hermosamente,, esas postales mínimas, hogareñas nos acercan, etéreas e intangibles, a tantas personas (a quienes vemos o no en el mundo físico).Y en algún punto nos reconcilian con ciertos aspectos de la existencia.

Esas pequeñeces, publicadas, devienen algo…¿Será eso el acontecimiento, esa mueca de verdadera empatía que nos marca en el rostro al ver, en el universo virtual, tan lejos y tan cerca, a tantos rostros conocidos, recordados, que nos ofrecen una instantánea de sus vidas, un ápice de su alma? 

Alejandro Domenicone

                                                           30/11/2013

 

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Acerca de elfigondelperegrino

Me gusta la vida, y lo que la compone, aún creo en la gente, con franqueza y lealtad, sin distinción de credo ni raza... Creo que aportando mi pequeño granito de arena, conjuntamente con los demás, se puede llegar a construir grandes cosas. Me declaro Amante del agua, del verde, de mis plantas y sobre todo, apasionado por la literatura.. Me agrada seguir aprendiendo las vivencias de otras culturas, ya sé, que para llegar a saber de todas, no me alcanzarían dos vidas, en tanto...lo intento. Te invito a caminar este rumbo, hay senderos aún, ya se abrirán los caminos...SE HACE CAMINO AL ANDAR.
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Una respuesta a Artículo de opinión: LA MUERTE DEL ACONTECIMIENTO.‏

  1. Una mirada ,crítica acerca de la realidad, del rol de los medios masivos de comunicación,del papel alienante de una sociedad consumista.Me gusta el estilo,pues formula apreciaciones,como tales, no en forma categórica, eso le permite al lector confrontar sus propias ideas con las que discute el autor. Excelente.

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