Algunas reminiscencias de Mario Benedetti…

Mis reminiscencias de Mario Benedetti...

Peregrino de mi ruta, he regresado al figón, el día estaba abierto a la brisa tenue, aún podía percibir las últimas gotitas de rocío evaporándose, escabulléndose entre los pliegues del añoso ciprés.
Intuyo tu presencia ; trataré de ser imperceptible, de desdibujarme en el paisaje interior de la posada. No abandonan mi pensamiento algunas hojas en tono sepia que quedaron ancladas en estas inquisitivas, curiosas manos.. Creo que fueron los efluvios sinestésicos del ayer, lo umbroso de la habitación, en fin, mi espíritu volvió a recoger sus pasos. Siguen en ese rincón las tonalidades ocres, y esos versos que reverberan en la habitación:

“Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte .”

No obstante, Mario Benedetti entró a mis anaqueles interiores con una prosa muy transgresora, no con sus versos. Recuerdo que estaba viajando a casa en Metro, a mi lado,un hombre reconcentrado en una lectura cualquiera, no me vio. Le pregunté algo, no respondió, sostenía el librito entre sus manos.

Me aproximé a él, no lo notó, leí por encima de su hombro:

“Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.
Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro…”

– Leer y sentir una desazón en todo el cuerpo fue todo uno. Debía descender del metro, sin conocer el título ni el autor, sin haber dialogado con el taciturno lector. Llegué a mi rincón, busqué en mi anaquel interior la expresión
“Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido”…

Suficiente, no cejé en mi intento de respuestas hasta que di con el relato completo…y pensé ¿A quién se le ocurriría titular un cuento así?…”La noche de los feos”,vaya.

Recuerdo que los feos convergieron en el mismo cine, en la misma función, a una hora para noctámbulos. Ocultaban sus heridas del alma, esquivaban miradas insolentes,curiosas. Sus ojos descubrieron la claridad de la penumbra, respiraron aliviados, se miraron instintivamente :

“Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.”

“La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.”

“La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.”

– El relato se tornaba tan intimista aquí; el pecho agitado de ella, el sentimiento de una esperanza concebida, con futuro…una delicia.

-Ah, la lectura de este fragmento sencillamente logré saborearla, emocionada…

“La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?”
“No.”
“¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?”
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
“Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.”
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
“Vamos”, dijo.

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.
Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.
En ese instante comprendí que debía arrancarme ( y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.”

– Mi corazón latía al unísono con la protagonista, respiré profundamente, no sabes cuánto deseé ese entrelazarse de pensamientos, anhelé que las heridas y cicatrices no los agobiaran…Fue entonces cuando leí:

“Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos ( al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.
Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.”

– Ya ves, mi primer encuentro con Benedetti fue extraño, sinuoso, subyugante. Después de eso…vino todo el torrente caudaloso de versos tan simples, cotidianos, que me estremecían.

Amé a Benedetti esa noche, y no nos hemos separado más…

Benedetti es para mí, reminiscencia ( recuerdo entremezclado con nostalgias) y vivencias ( de mi mundo, de la cotidianeidad).

Anuncios

Acerca de elfigondelperegrino

Me gusta la vida, y lo que la compone, aún creo en la gente, con franqueza y lealtad, sin distinción de credo ni raza... Creo que aportando mi pequeño granito de arena, conjuntamente con los demás, se puede llegar a construir grandes cosas. Me declaro Amante del agua, del verde, de mis plantas y sobre todo, apasionado por la literatura.. Me agrada seguir aprendiendo las vivencias de otras culturas, ya sé, que para llegar a saber de todas, no me alcanzarían dos vidas, en tanto...lo intento. Te invito a caminar este rumbo, hay senderos aún, ya se abrirán los caminos...SE HACE CAMINO AL ANDAR.
Imagen | Esta entrada fue publicada en Pinceladas de humanidad y LITERATURA.. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Algunas reminiscencias de Mario Benedetti…

  1. Debo agregar … Benedetti es para mí, reminiscencia ( recuerdo entremezclado con nostalgias) y vivencias ( de mi mundo, de la cotidianeidad) y ternura verbalizada…cómo me gusta que exprese lo obvio, lo que todo el mundo sabe y por eso mira de soslayo; cómo me conmueve que exprese afectos, temores, iras, frustraciones, emociones aletargadas. Creo en la magia de lo obvio, lo latente que juega a hacerse patente. Más cariños.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s