Viento, corre,ve y dile a la lluvia…dile que quiero volar y volar.

VIENTO,DILE A LA LLUVIA,  Los  Gatos.

Banda heredera de Los Gatos Salvajes, tiene origen en 1967 y alcanza un repertorio de 50 temas. Ya en Buenos Aires se presentan cotidianamente en La Cueva, reducto rockero por excelencia.

Recuerda Litto Nebbia: «Para llenar toda la noche, de las diez a las cuatro, teníamos un repertorio de más de 100 canciones, además de lo que se improvisaba en el momento. Tocábamos mucha música de relleno, rock, blues, todo tipo de cosa y, entre medio de todo eso, tocábamos canciones mías que estábamos ensayando con la idea a grabar un disco algún día» (V. Pintos, pág. 75). El primer simple que logran grabar “La Balsa” / “Ayer Nomás” fue un éxito impredecible: vendió más de 200.000 placas. Lo habían grabado el 19 de junio de 1967 y salió a la venta el 3 de julio.

Esta banda, si bien aún con inocencia y timidez, comenzó a delinear un lenguaje propio para el rock argentino.

«Ninguno de nosotros se dio cuenta en ese momento de que éramos el nacimiento de un movimiento», reconoce Oscar Moro. «Había mucha bohemia y lo que queríamos de corazón era hacer lo que planeábamos. Jamás pensamos que el tema podía pegar tanto y que íbamos a ser uno de los grupos pilares del rock de acá. No nos dábamos cuenta, lo vivíamos de otra manera; nunca pensamos que se podría convertir en algo tan grande»

fuente-http://cambiopolitico.com/musica-los-gatos-un-clasico-del-rock-argentino/40199

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Déjame soñarte entre tus delfines déjame sentir que todavía estás. No te me aparezcas para ver que no eres el hombre que tanto tanto yo amé. Ni siquiera llames no digas mi nombre quiero recordarte estando junto a mi. Quiero despertar pensando que estas cerca quiero despertar sin despertar …

Y hoy que estoy tan despiadadamente sola
hoy que juegas juegos para ver si me amas
hoy que tus proyectos ya no van conmigo
y te sientes tan seguro de mi amor
mira hoy te pido que me des respiro .
Voy a detener esta carrera absurda
El amor no es algo que se busca en otro.
Déjame soñarte entre tus delfines
déjame sentir que todavía estás
No te me aparezcas para ver que no eres
el hombre que tanto tanto yo amé
Ni siquiera llames no digas mi nombre
quiero recordarte estando junto a mi
Quiero despertar pensando que estas cerca
quiero despertar sin despertar .
Y los girasoles que sembré en tu vida
Te parece hoy que no eran tan bonitos
Las conversaciones y el espagueti
Todo lo que fuimos nada vale ya
Los hijos que nunca ya vendrán contigo.
Deja de alargar esta muerte tan lenta
Deja de decir que ya no sientes nada, ya lo sé…

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“CARUSO”…Tal vez hayas conocido otra historia como origen del mito de Sorrento, qué más da, te pido que leas esta, sublime, lo tiene todo como para sentir latir miles de estrellas en la palma de las manos. Cariños. Shinsetsu.

CARUSO y gajitos de amor sin tiempo: Un hombre enfermo que busca en los ojos de la muchacha que ama un futuro que ya no existe; un testamento de amor, este fue el último concierto de Enrico Caruso, una noche cualquiera, frente al mar, y fueron su excepcional público el mar, las estrellas, los pescadores, las luces de las barcas y su amada.

Te quiero tanto amor.
Te quiero tanto, tanto y sabes bien
que dentro de mi piel
hoy siento más que nunca tu calor.
MIreille Mathieu logra tocar el alma de esta gran revelación de amor, que desafía a la muerte, a la enfermedad, al dolor…
La primera y original versión de esta canción fue escrita y cantada por Lucio Dalla, que dedicó esta canción a Caruso después de haber estado en Sorrento y haber quedado impresionado por la belleza de esta ciudad.
A Lucio Dalla se le estropeó el barco y en Sorrento solo había disponible el lujoso apartamento en el Grand Hotel Excelsior Vittoria, donde Caruso vivió los dos últimos meses de su vida y donde se conservaban intactos sus libros, sus fotografías y su piano.
Angelo, que tenía un bar en el puerto le contó esta historia y él nos la regala con música. Caruso estaba enfermo de cáncer en la garganta y sabía que tenía los días contados pero eso no le impedía dar lecciones de canto a una joven de la cual estaba enamorado.
Una noche de mucho calor no quiso renunciar a cantar para ella que lo miraba con admiración, así que, aún encontrándose mal, hizo llevar el piano a la terraza que daba al puerto y empezó a cantar una apasionada declaración de amor y sufrimiento.
Su voz era potente y los pescadores, oyéndole, regresaron al puerto y se quedaron anclados bajo la terraza. Las luces de las barcas eran tantas que parecían estrellas o quizás las luces de los rascacielos de Nueva York.
Caruso no perdió las fuerzas y siguió cantando sumergiéndose en los ojos de la muchacha apoyada al piano.
Esa noche su estado empeoró. Dos días más tarde, el 2 de agosto de 1921, moría en Nápoles. Esta canción narra el drama de esa noche… con luces y sombras del pasado… con muerte y vida.
Un hombre apagando su vida , busca en los ojos de la muchacha un futuro que se esfuma .

-Qué puedo expresar, que está conmovido mi espíritu con tanta plenitud de amor.

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Antonio Porchia…una de mis lecturas cautivas en estos días de soledad …

Cuando las estrellas bajan, qué triste es bajar los ojos para verlas…

Porchia, entrañable.

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“Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.”

Poeta argentino Antonio Porchia.

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La literatura fragmentaria es lo más cercano al silencio…si quieres descubrir el sentido de estas palabras te invito a leer algunos gajitos de la obra poética del argentino ANTONIO PORCHIA…

La literatura fragmentaria es lo más cercano al silencio...si quieres descubrir el sentido de estas palabras te invito a  leer algunos gajitos de la obra poética del argentino  ANTONIO PORCHIA...

Aunque en cierto modo fue un enamorado de la vida, Antonio Porchia vivió casi como si no viviera. Y análogamente, aunque fue un amante del pensamiento y la palabra, escribió casi como si no escribiese. Si unimos esto a dos de sus rasgos más notables, la profundidad y la intensidad, tal vez quepa sospechar en él esa peculiar distancia interior donde en algunos raros hombres se hospedan con insólita fuerza el ser y el no ser de las cosas, Es probable que el reconocimiento de esa cortante dialéctica esencial, como punto de mira para interpretar el mundo y también como excepcional experiencia de sabiduría, constituya una de las claves fundamentales para comprender o recibir esta obra.

Ante esto, resulta comprensible que haya podido decirse de su autor que era uno de esos extraños hombres con rara salud total, rocas con geología propia, cuyo signo parece más agudo que el de la temporalidad. O también que se le haya evocado como un maestro que no parecía un maestro, un sabio que no parecía un sabio, un escritor que no parecía un escritor, un hombre que no parecía un hombre, sino más bien lo que podría llegar a ser un hombre, En esta línea escribió: Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.

Si hubiera que señalar algunas de las cualidades definitorias de su vida, aquellas que al combinarse configuraron su perfil diferente y único, sería preciso comenzar por la humildad. No por cierto una blandura asentidora, conformista y opaca, sino esa fuerza interior que ha aprendido a no exhibirse porque no pierde de vista la insignificancia del hombre en el universo, ni la simulación o el malentendido que se entretejen siempre con la aureola de toda supuesta grandeza. La humildad de Porchia conjugaba simultáneamente una actitud interior de profundo autoconocimiento y una serie de circunstancias y hechos exteriores de su propia vida. La primera suele generar muchos de sus pensamientos y tal vez subyazga en todos. Así afirma: El hombre es una cosa que aprenden los niños. Una cosa de niños. O también: Todo lo que es no es todo. Porque yo podría no ser. Y quién sabe cuánto podría no ser. Tal vez todo. O más cerca: El hombre es aire en el aire y para ser un punto en el aire necesita caer. O más terrible: Otra vez no quisiera nada. Ni una madre quisiera otra vez. O más terminante: En plena luz no somos ni una sombra. O más actual: El hombre es débil y cuando ejerce la profesión de fuerte es más débil. O más subjetivo: viéndome, me pregunto: ¿qué pretenden verse los demás?

Porchia nació en Calabria, Italia, en 1886, pero una serie de difíciles condiciones familiares lo trajeron muy joven, en 1901, a Buenos Aires, donde vivió hasta su muerte, en 1968. Se desempeñó allí como apuntador en el puerto, trabajó luego en una imprenta y en otras modestas ocupaciones, frecuentando durante muchos años los ambientes de pintores del barrio de La Boca. Allí parecía encontrarse en su casa, silencioso, sencillo, con una discreción parecida a la timidez. Debió posteriormente trasladarse a lugares más lejanos del centro de la ciudad, alargando así el itinerario del número creciente de amigos que no podía prescindir de reencontrarlo periódicamente y volver a constatar su extraña combinación de lucidez y bondad.

Visitarlo era un peregrinaje hacia la fuerza interior, hacia el pensamiento despierto y activo, hacia la verdadera inteligencia. Un peregrinaje hacia la profundidad, sin hieratismos ni formalidades, donde el encuentro se daba en una atmósfera de espontánea generosidad. Visitar a Porchia era tener el privilegio de vivir un poco la sabiduría y verla brotar de la humildad y la soledad como un fruto en el cual convergían con igual plenitud la sabiduría de la vida y la sabiduría del lenguaje, posiblemente inseparables en último término. Sorprendente concierto en un ser de relativa y hasta escasa cultura formal y en un tiempo en que la sabiduría es una dimensión casi perdida.

La profundidad y la extrema concentración se revelaban en Porchia como si en él se hubiera encarnado un abismo. Quien las compartía o por lo menos las soportaba, podía casi “ver” al espíritu por dentro. Era uno de esos pocos hombres que pueden ser para nosotros revelación e iniciación. Dialogar con él y observar cómo “modelaba” sus pensamientos transmitían simultáneamente una fortaleza y una altísima confianza, pero no sólo en relación con él, sino por una especie de reconocimiento más pleno de toda la realidad. Bien pudo decir: Lo profundo de mí es todo. Pero es todo sin yo. Es que todo lo que es profundo solamente es todo. Y agregó en otra parte: Lo hondo, visto con hondura, es superficie.

La vida y la obra de Porchia están señaladas también por la soledad, el apartamiento y la marginación. No se habita en vano el infinito, dentro de un mundo que lo escamotea y lo traiciona. La soledad es la ley del creador; el apartamiento es su situación o su condena inevitable; la marginación es el resultado de no compaginar con los productos de la medianía y la superchería literarias, así como tampoco con las simulaciones y los estereotipos sociales. Adquieren así particular sentido sus aforismos sobre la soledad: Un hombre solo es mucho para un hombre solo. O también: El árbol está solo, la nube está sola. Todo está solo cuando yo estoy solo.

Hay en los aforismos de Porchia algo que no ha sido señalado a menudo: una veta de aparente negación metafísica, sosteniendo una afirmación existencial, que puede manifestarse alternativamente como nostalgia religiosa (Hace mucho que no pido nada al cielo y aún no han bajado mis brazos. (Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado), piedad hacia el hombre (Donde hay una pequeña lámpara encendida, no enciendo la mía), fervor por las cosas (Puedo no mirar las flores, pero no cuando nadie las mira), reflexión sobre sí mismo (Como me hice, no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago), rechazo de la aberración masificadora (Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre), intuición de la naturaleza íntima del encuentro y el desencuentro (Te ayudaré a venir si vienes y a no venir si no vienes). O reconocimiento ético del ser (Sí, trataré de ser. Porque creo que es orgullo no ser).

Y hay también en Porchia una zona de “temor y temblor” o “pensamientos de la caverna”, como algunos amigos los llamamos alguna vez. Así, por ejemplo: A veces, de noche, enciendo una luz, para no ver. Y otro: No descubras, que puede no haber nada. Y nada no se vuelve a cubrir. Y otro: Y si nada se repite igual, todas las cosas son últimas casas. Y otro: Cuando se apagaron sus ojos, yo también vi una sombra.
Antonio Porchia: El apogeo del aforismo
por Roberto Juarroz

Extraído de “La fidelidad al relámpago, conversaciones con Roberto Juarroz”
Universidad de México, Vol. XXXVIII, nueva época, número 16
México Agosto de 1982

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Vintage, con un gran pincel, acordes de hojas secas,color ocre… “Il mío canto libero”, para ti.

En un mundo que
vive sin amor
eres tu mi libre canción
y la inmensidad
se abre alrededor
mas allá del limite del corazón,
nace el sentimiento
en mitad del llanto
y se eleva altísimo y va…
y vuela sobre el gesto de la gente
a todo lo mas noble indiferente
ajeno al beso cálido de amor
de puro amor…

En un mundo que
prisionero es
libres respirábamos
tu y yo
pero la verdad
clara brilla hoy
y nítida su música
sonó,
nuevas sensaciones
nuevas emociones
se expresan ya purísimas en ti…
el velo del fantasma del pasado
cayendo deja el cuadro inmaculado
y se alza un viento tímido de amor
de puro amor…
y recubrote…

Cae un día el muro
recubierto de las rosas selváticas
revive o no
se eleva o no
bosque abandonado
y por ello sobreviviendo virgen
se abre o no
se cierra o no .

En un mundo que
prisionero es
libres respirábamos
tu y yo
pero la verdad
clara brilla hoy
y nítida su música
sonó
nuevas sensaciones
nuevas emociones
se expresan ya purísimas
por ti…
el velo del fantasma en el pasado
cayendo deja el cuadro inmaculado
y se alza un viento tímido de amor
de puro amor…
y recubrote…
y recubrote…

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